La inclusión es el mayor
reto para las escuelas en todo el mundo. Dicho de manera sencilla, se refiere a
la pregunta: ¿cómo pueden las escuelas desarrollar estrategias para
proporcionar una educación efectiva para todos sus niños? Internacionalmente,
este tema es un foco central de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de
las Naciones Unidas, que compromete a los países para asegurar una educación
inclusive y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje a lo largo de la
vida para todos.
En
este artículo sugiero cinco pasos interconectados que las escuelas pueden
realizar para avanzar en una dirección más inclusiva. Al hacer esto,
adelanto la idea de que la
inclusión en educación debe ser contemplada como un viaje de mejora, empezando
desde el lugar donde la escuela está en este momento. También
subrayo la importancia de que todos los miembros de la comunidad educativa
–docentes, estudiantes, familias y miembros de la comunidad en sentido más
amplio, participen en este viaje.
Paso 1: Ten claro la dirección que quieres tomar.
La
palabra “inclusión” puede ser confusa ya que significa diferentes cosas para
diferentes personas. Esto es un problema concreto cuando estás intentando avanzar con
otras personas –en especial en las escuelas, donde todo el mundo está tan
ocupado. Si no se comparte una idea común sobre la dirección que se pretende
tomar, el progreso será más difícil.
En ocasiones la gente piensa que la inclusión se refiere
solamente a grupos específicos de estudiantes que se consideran los más
vulnerables. Así, por ejemplo, pueden pensar en estudiantes de los hogares más
pobres; aquellos cuyas familias hablan un lenguaje diferente; o aquellos otros
con algún tipo de discapacidad. Para mí, es necesaria una forma de pensar muy
distinta, una que ve la inclusión como el enfoque central en la educación. Esto
significa que la definición de inclusión que yo recomiendo incluye los
siguientes elementos:
·
La
inclusión es un proceso. Es decir, la inclusión es
una búsqueda interminable para encontrar los mejores caminos para responder a
la diversidad del alumnado. Se refiere a aprender a vivir con la diferencia
y a aprender cómo aprender desde la diferencia. De esta
forma, las diferencias pueden ser contempladas de forma más positiva, como un
estímulo para favorecer el aprendizaje entre los niños y los adultos.
·
La inclusión se refiere
a la identificación y supresión de barreras. Las barreras
pueden tomar diferentes formas, alguna de las cuales tienen que ver con la
organización de las escuelas, con el sistema de enseñanza y con los métodos
utilizados para evaluar los progresos de los alumnos.
·
La inclusión incluye
la presencia, la participación y el logro de todos los estudiantes. “Presencia” se
refiere al lugar donde los niños son educados y cómo son atendidos de forma
segura y precisa. “Participación” apunta a la calidad de sus
experiencias mientras ellos están ahí y, por tanto, debe incorporar los puntos
de vista de los mismos aprendices.“Logro” tiene que ver con los resultados
del aprendizaje a través del currículo.
·
La
inclusión implica un énfasis particular en aquellos aprendices que pueden tener
el riesgo de marginalización, exclusión o bajo rendimiento. Ello indica una
responsabilidad moral para asegurar que estos grupos de estudiantes que
estadísticamente tienen un mayor riesgo son cuidadosamente vigilados y que,
cuando es necesario, se adoptan las medidas adecuadas para asegurar su
presencia, participación y logro dentro de la escuela. Al mismo tiempo, es
necesario estar vigilantes para observar a los alumnos que pueden ser olvidados.
Paso
2: Utiliza las habilidades y el conocimiento existente.
El
enfoque global para el desarrollo inclusivo que yo recomiendo se basa en la
idea de que las escuelas conocen más de lo que ellas utilizan. En otras palabras,
siempre hay buenas prácticas que pueden ser fortalecidas. Por tanto, el
comienzo lógico supone analizar las formas existentes de trabajar. Ello permite
identificar y compartir prácticas eficaces, mientras que, al mismo tiempo, se
observan las formas de trabajo que pueden estar creando barreras para la
participación y el aprendizaje de algunos alumnos.
Normalmente, los profesores que son eficaces en
responder a la diversidad de los estudiantes utilizan un amplio abanico de
enfoques didácticos, entre los que escogen aquellos que juzgan apropiados para
una clase específica. Estas decisiones tienen en cuenta un
conjunto de factores interconectados, tales como la materia que va a ser
enseñada, la edad y la experiencia del grupo, las condiciones ambientales del
aula y los recursos disponibles.
Gran parte de esta planificación se produce de forma incidental
cuando los maestros desempeñan sus actividades cotidianas. De hecho, los
ajustes finales pueden todavía realizarse cuando el docente entra en la clase y
valora el estado de ánimo del grupo. Es también esencial reconocer que la
planificación no concluye cuando la lección comienza. En efecto, a menudo las
decisiones más significativas son aquellas que se realizan cuando la lección
avanza, a través de un proceso de improvisación, que exige que los docentes
reaccionen deprisa. En las escuelas que progresan en su itinerario inclusivo,
los docentes se ayudan unos a otros a mejorar sus habilidades en improvisación.
Esto implica compartir prácticas y trabajar juntos para encontrar los mejores
caminos para llegar a los aprendices más difíciles de enseñar.
Más allá de la improvisación y de pensar sobre la marcha, una
característica de las lecciones que son efectivas para alentar la participación
de los estudiantes es la forma como los recursos disponibles, en especial los
recursos humanos, son utilizados para apoyar el aprendizaje. En particular,
existe una fuerte evidencia sobre el potencial de la cooperación entre los
estudiantes para crear condiciones en la clase que pueden tanto maximizar la
participación, como al mismo tiempo alcanzar altos niveles de aprendizaje para
todos los miembros de la clase. Además, el uso de tales prácticas puede ser un
medio eficaz de apoyar la implicación de los estudiantes que son nuevos en la
clase, de los niños que proceden de diferentes culturas y de aquellos con
discapacidad. Sin embargo, es importante subrayar la necesidad de disponer de
habilidades para organizar este tipo de práctica en la clase. El trabajo en
grupo cooperativo gestionado pobremente implica de forma habitual una
considerable pérdida de tiempo y, de hecho, genera muchas oportunidades para el
incremento de la disrupción en el aula.
Paso
3. Desarrolla un lenguaje compartido sobre la práctica.
Como
ya he indicado, gran parte de lo que los maestros hacen durante los intensivos
encuentros que ocurren en las aulas se realizan en un nivel intuitivo. Además, existe
poco tiempo para parar y pensar, Por esta razón, tener la
oportunidad de ver a compañeros en el trabajo es tan crucial para el éxito de
los intentos de desarrollar prácticas más inclusivas. Es a través de tales
experiencias compartidas como los docentes pueden ayudarse los unos a los otros
para expresar lo que hacen en ese momento y definir lo que les gustaría hacer.
De esta forma, se va desarrollando un lenguaje sobre la práctica con el que los
profesores pueden hablar unos con otros sobre aspectos concretos de su
práctica. Sin este lenguaje, los profesores encuentran dificultades para
experimentar nuevas posibilidades.
Esto
plantea preguntas sobre cual es la mejor manera de producir este efecto. Aquí
un enfoque
útil es el del estudio de la lección (lesson
study),
un procedimiento sistemático para el desarrollo de la enseñanza que está bien
establecido en Japón y en algunos otros países asiáticos. El objetivo del estudio de la lección es
mejorar la eficacia de las experiencias que los profesores proporcionan a todos
los alumnos. Ello implica un proceso colaborativo del
aprendizaje profesional desarrollado por un pequeño grupo de profesores,
normalmente tríos, que se centra en una lección particular. Se les denomina
lecciones de investigación y son utilizadas para examinar la respuesta de los
estudiantes a las actividades planificadas. Los
miembros del grupo trabajan juntos para diseñar el plan de la lección, que se
lleva a la práctica por cada profesor a su vez, con sus colegas observando cómo
responden los estudiantes. Los encuentros posteriores a la lección se organizan
para facilitar la mejora de la lección de investigación entre cada prueba.
El estudio de la lección puede desarrollarse de múltiples
maneras. Por ejemplo, puede implicar un pequeño grupo de profesores
voluntarios, o ser realizado a través del departamento o de grupos con un
interés especial. Ello puede también llevarse a cabo a través de la escuela y
entonces forma parte de una red de profesores que trabajan juntos gestionada de
forma más amplia. El conjunto de la evidencia es una factor clave en el enfoque
del estudio de la lección. Esto implica normalmente la observación de las
respuestas del estudiante. El énfasis también se sitúa en la escucha del punto
de vista del estudiante de tal manera que permite animar a la interpelación y a
la creatividad cuando la discusión se produce.
Paso
4. Promueve el respeto por la diferencia.
No
hay un único modelo sobre cómo se muestra una escuela inclusiva. Lo que es
común a las escuelas altamente inclusivas, sin embargo, es que ellas son
lugares de bienvenida y de apoyo a todos sus estudiantes. Ello no impide que
estas escuelas estén también comprometidas en mejorar los logros de todos sus
estudiantes. En efecto, ellas intentan disponer de un amplio abanico de
estrategias para reforzar los resultados que son habituales a los empleados por
todas las escuelas eficaces. El énfasis en el apoyo a los alumnos vulnerables
no impide estas estrategias. El factor clave es el énfasis en el seguimiento y
apoyo al progreso de todos los estudiantes.
Cuando
las escuelas tienen éxito al avanzar en una dirección más inclusiva, existe
habitualmente un grado de consenso entre los adultos en torno a los valores de
respeto por la diferencia y un compromiso de ofrecer a todos los estudiantes el
acceso a las oportunidades de aprendizaje. Si bien es
improbable que este consenso sea total, es indicativo del crecimiento de una
cultura de la inclusión. Además, es probable que exista un alto nivel en la
colaboración del personal y en la resolución conjunta de problemas y que los
compromisos puedan extenderse a los estudiantes y entre las familias y otros
actores de la comunidad asociados con la escuela. Estas escuelas se
caracterizan también probablemente por formas organizativas (tales como la
realización del apoyo de los especialistas dentro de la clase ordinaria y no
fuera de ella) y por prácticas que podrían ser consideradas como participativas
por definición (como el trabajo en grupo cooperativo).
Paso 5: Comparte la responsabilidad en el liderazgo.
Las
escuelas con una cultura inclusiva se caracterizan probablemente por la
presencia de líderes que están comprometidos con valores inclusivos y con un
estilo de liderazgo que anima a los individuos a participar en la toma de
decisiones. Existe también un reconocimiento de que el desarrollo de
prácticas inclusivas desafían probablemente las creencias de los que trabajan
dentro de la escuela. Esto significa que los líderes escolares tienen que ser
hábiles para animar los esfuerzos coordinados y sostenidos en torno a la idea
de que es difícil cambiar los resultados de los grupos de estudiantes
vulnerables salvo que se produzcan cambios en los comportamientos de los
adultos. Como he sugerido, es clave en este planteamiento la necesidad de
alentar una cultura inclusiva en las escuelas, aquella que da la bienvenida y
respeta las diferencias entre la población estudiantil.
Todo
esto significa que la tradicional estructura jerárquica es reemplazada por una
comunidad escolar que se caracteriza por valores y esperanzas comunes, de tal
manera que muchas de las funciones de control asociadas con las formas
tradicionales de liderazgo llegan a ser menos importantes e incluso
contraproducentes. Esto requiere un nuevo pensamiento y nuevas prácticas
entre los miembros más antiguos del personal. Para animar a avanzar en la
dirección inclusiva, ellos tienen que: revisar el estado actual de los enfoques
tradicionales de la enseñanza; inspirar una visión clara y compartida de lo que
la escuela debería y podría hacer; dirigir con el ejemplo, utilizando
procedimientos cooperativos y asumiendo riesgos; y alentar al personal a
persistir y seguir esforzándose para mejorar sus competencias. Deben también dar
una especial importancia a la construcción de equipos cooperativos y al uso de
la investigación para estimular la experimentación con nuevas formas de
trabajo. Además, es importante que construyan estrechas relaciones con
colaboradores más allá de la puerta de la escuela, basadas en un compromiso
compartido en los valores inclusivos.
RECUPERADO DE: http://www.eduforics.com/es/pasos-la-inclusion-las-escuelas/
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